Hay una escena, hacia el final de esta historia, en la que un gato camina sobre cajas olvidadas en un desván y hace caer al suelo un puñado de cintas de casete. En cada una, escrito a mano, se lee: "Demos de Álex, banda 70's / 80´s". Nadie las había tocado en años. Nadie sabía, ni siquiera el propio personaje, que seguían ahí, esperando.

The Lost Tapes nace de esa misma imagen. No como metáfora, sino como punto de partida real: ¿qué pasaría si esas cintas existieran de verdad? ¿Qué sonaría si alguien, décadas después, decidiera escucharlas, y no solo escucharlas, sino cantarlas?

Álex es el protagonista de INERTE (Nadie te enseña a enterrar un cuerpo), un hombre que pasa la novela entera intentando enterrar algo que se niega a quedarse bajo tierra. Su esposa muerta le habla, le acompaña, le posee incluso a través de otras personas. Es una historia sobre lo que hacemos con lo que no logramos soltar, sobre cómo la culpa encuentra siempre una grieta por la que volver a respirar.

Una Instalación Artística Multidisciplinar

Este disco continúa esa pregunta, pero fuera del papel. Heooman no es solo un álbum musical, sino una instalación artística conceptual que expande el universo de la novela. A. L. Ritter ha tomado pasajes enteros de su obra para trasladarlos al plano sonoro.

Todas y cada una de las letras del álbum han sido escritas enteramente por el autor, basadas al 100% en la narrativa, la psicología y la atmósfera de INERTE. No hay algoritmos en el mensaje: la palabra y la intención emocional pertenecen por completo a la pluma de Ritter.

Sin embargo, dar vida a este proyecto no surge de un estudio de grabación tradicional, sino de la pura resistencia artística: es el resultado de crear con recursos limitados y echar mano de la vanguardia tecnológica para romper esas barreras físicas.

Nota del autor sobre el proceso técnico y digital: El uso de la inteligencia artificial forma parte activa de la creación de The Lost Tapes, actuando como un copiloto en el laboratorio de sonido. Su aplicación ha sido fundamental en el plano de la ingeniería de audio, empleándose específicamente áreas como  la integración de instrumentos, la mezcla, la ecualización y la masterización final de las canciones.

En cuanto a las voces, se construyeron de manera artesanal y conceptual para emular la identidad de Álex: una simbiosis digital que procesa y fusiona la voz real del propio autor con la de artistas invitados. Es aquí donde la tecnología ayudó a pulir y cohesionar el entorno sonoro donde estas pistas cobran vida.

El resultado no pertenece del todo a ninguno de los dos. No es el autor disfrazado de personaje, ni el personaje hablando por boca de su creador. Es algo que solo existe en el punto exacto donde ambos se superponen. A eso lo llamamos HEOOMAN: una palabra casi humana, con un error deliberado en el centro, como una fisura por la que se cuela otra voz.

La Estética de la Memoria

Escuchar el disco es parecido a lo que le ocurre a Álex a lo largo de la novela: nunca se está del todo seguro de con quién se está hablando. Hay canciones donde la voz suena reconociblemente presente, actual, la de alguien que canta hoy. Hay otras donde parece llegar desde más atrás, desde un hombre que nunca pensó que alguien fuera a desenterrar aquello que escribió.

Y hay momentos, los más inquietantes, en los que ya no se puede distinguir una cosa de la otra. Eso no es un descuido de producción, ni pretende simular la pulcritud artificial de la gran industria. Es, quizás, lo único honesto que se podía hacer con este material y con las herramientas actuales: dejar que la memoria sonara exactamente como suena en realidad, mezclada, contaminada, artesanal y viva a pesar de todo.

Las letras se escribieron caminando, en cafés y habitaciones prestadas de París, Madrid, Bilbao y Ciudad de México, en cuadernos que iban absorbiendo el ruido de cada ciudad igual que Álex absorbe, sin quererlo, la presencia de todo lo que no consigue enterrar. La portada muestra al autor saliendo de una oscuridad que aún no ha terminado de soltarle del todo, con una luz que cae sobre él más como pregunta que como respuesta.

No hace falta haber leído la novela para entrar en este disco. Pero quien lo haya hecho reconocerá algo debajo de cada canción: el peso de lo que no se dice, la costumbre de hablar con quien ya no está, la forma en que el pasado, por mucho que se cubra de tierra, siempre encuentra el modo de volver a la superficie.